De Ribadesella se pueden decir infinidad de cosas, y las guías al uso dan buena prueba de ello: de los hechos relevantes de una villa cargada de historia, de su casco histórico, de su privilegiada situación en la desembocadura del Sella, de sus playas y de su patrimonio arqueológico, en el que brilla la Cueva de Tito Bustillo.
La esencia de lo auténtico
Ribadesella: Ver, sentir y dejarse llevar.
Pero Ribadesella es eso y mucho más. Bastará para descubrirlo con salir del núcleo urbano y perdernos en la sosegada belleza de su zona rural, ya sea por la más próxima al mar o por los valles interiores, al encuentro de aldeas de singular encanto como Tereñes, Ardines, Cuevas, Sardalla y Sebreñu, por las que serpentea el Camino de Santiago de la Costa.
Y sentir; ver, pero sobre todo sentir, dejarse invadir por las intensas sensaciones que nos regala una naturaleza privilegiada de mar y de montaña, por la bonhomía de sus gentes y la sencillez de sus tradiciones. Sobrados placeres que invaden nuestros sentidos ante los cuales el visitante se enfrenta al peligro de quedar atrapado para siempre.